Las nueve piezas de la antología

Imaginaos un puzle. Un puzle con el que, poco a poco, se dibujan imágenes. Pensad en esas piezas encima de una mesa, desordenadas. Son fotografías, o breves secuencias cinematográficas, escenas de la vida que, a fuerza de ensayo y error, van encajando, formando un mosaico de luces y sombras, de contrastes.

Mirad, una de ellas muestra a una mujer hermosa bajando por la calle de Montera… Sí, Montera, la que hoy conocemos como la calle de las putas. ¿Se habrá dado cuenta de que la persigue ese hombre?

Fijaos en esta otra pieza: una joven acaricia su vientre abultado, está a punto de dar a luz y al mismo tiempo llora desesperada, intentando mirar a través de las cortinas corridas de una casa de la que no puede salir… Oh, fijaos en esa pieza de allí, ¡un mirón!, ¿lo veis? Está espiando a una adolescente en paños menores detrás de un biombo en lo que parece la consulta de un médico… Y esa señora que está con ellos ¿quién es?, ¿su madre? Parece que no puede tener la boca cerrada… ¿De qué hablarán?

Continuemos. Aquí un hombre y una mujer, separados por una puerta… ella parece que llora, él que ríe…, pero no pueden verse. Allí un tranvía cruzando Madrid en el que un hombre orgulloso finge ignorar a una mujer aún más orgullosa. El mayor desprecio es no hacer aprecio, o eso dicen… Y este hombre, en un café madrileño, completamente absorto leyendo la carta de su amor imposible…

Solo nos quedan tres más: Un cuadro. La imagen del demonio encima de una chimenea, ennegrecido por el humo que sale de ella. Un hombre en un comedor a medio día, vistiendo un traje de noche, un frac, sorprendido de que todos se le queden mirando. Y una isla paradisíaca en pleno océano Pacífico, donde un militar aburrido observa el paisaje y se lamenta por la ausencia de las mujeres.

Estas nueve piezas construyen El odio es amor inverso, un libro sostenido sobre tres pilares temáticos: la vulnerabilidad de la mujer en una sociedad desigual, los extremos pasionales en las relaciones humanas y la hipocresía, la marginación y el aislamiento social en el choque cultural entre campo y la ciudad, que componen un sorprendente fresco de la España de comienzos del siglo xx.

Cubierta

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